Laurin Trece está detrás de Verbena Bar, el nuevo lugar de encuentro en Malasaña en el que lo castizo y lo kitsch tienen su hueco.

Facebook alimenta nuestra vena cotilla, aunque a veces tiene sus cosas buenas. ¿La última? Verbena Bar. Entre mis contactos no se habla de otra cosa. Comentarios, recomendaciones, fotos, check-ins… Creo que ya se han agotado todas las vías para que el boca a boca del nuevo punto de encuentro de la Calle Velarde fluya en la red. No puedo evitarlo, tengo que conocerles.

Laurin me recibe con una sonrisa deslumbrante. Ella es una castiza de las de La Paloma que, tras renunciar (a medias) al mundo de la moda, ha encontrado su hueco en la creación de una “gran familia verbenera”. Lo va a conseguir, y pronto. Se nota que el negocio va bien y sin haber hecho grandes renuncias personales. Dice que era el momento, que ya había salido de juerga lo suficiente, que ya se había emborrachado y que ya había viajado lo que quería. Ahora tocaba esto, Verbena.

Pero no está sola. Junto a Ale, su socio, ha construido su concepto de bar a base de folclore, tapas y buena onda. Y con esta vuelta de tuerca, ambos defienden que los chascarrillos no suponen una amenaza para el diseño, y que La Piquer y Amy Winehouse son 100% compatibles.

Cruzas tres palabras con Laurin y te enamoras. De ella y de Verbena. Sirve un par de cañas y un aperitivo y nos sentamos.

¿Laura Fernández o Laurin Trece?

Laurin Trece. Cuando me llaman Laura Fernández me cuesta identificarme. Además, para el negocio es mucho más comercial Laurin porque es como me conoce la gente de la noche, del barrio…

¿Dónde empieza una y dónde acaba la otra?

Es que a Laura Fernández la tengo prácticamente aniquilada. Trece es como si fuera ya mi apellido real, aunque no reniego del mío porque soy muy familiar, muy de lazos de sangre.

¿Os habéis inspirado en algún personaje para crear el concepto de bar que queríais?

Va a sonar un poco pretencioso pero en realidad nos hemos inspirado un poco en mí. Yo me he dedicado a la moda pero siempre había tenido ganas de montar un bar que fuera muy yo. Un bar es como un hijo, o una casa cuando la decoras, que quieres que sea un reflejo de lo que eres tú.

O como una  Verbena…

Yo siempre he dicho de mí misma, fíjate tú, que soy muy de Verbena. La palabra reunía todo lo que queríamos transmitir con el bar. Un espíritu de juerga pero castizo. Tradicional pero en Malasaña. Y con un punto moderni.

¿Y por qué necesitamos una Verbena en nuestras vidas?

Porque la cosa está como muy fatal y tener la posibilidad de que haya una Verbena todo el rato es muy guay. Hace falta un poco de luz, color y alegría de vivir.

¿No ves a la gente más optimista?

Las cosas están muy chungas pero aquí se nota menos. Nosotros tenemos unos precios súper friendly y somos muy buenrolleros porque es parte del concepto. De hecho, creo que la gente está más quemada por la parte política que por la crisis económica.

Nos están jodiendo pero bien.

¿Qué no puede faltar en tu concepto de bar?

No pueden faltar botellines, música y gente con buena onda. Queremos que la gente se sienta como en casa, tanto nuestros clientes como el staff. Ale y yo venimos de mundos muy duros en los que nos han puteado mogollón y en todo momento hemos buscado crear un ambiente laboral como nos gustaría haber tenido. No sé, es aportar tu granito de arena para que el mundo sea un poquito mejor.

¿Queréis convertir Malasaña en un lugar más castizo y menos hipster?

Yo creo que son visiones que pueden convivir, aunque es verdad que hay, para nuestro gusto, un exceso de comida extranjera. Se están perdiendo las cosas de aquí. ¿Por qué siempre lo importado tiene que ser mejor? Nos gustaría recuperar las costumbres clásicas, como tomarte un chocolate con churros o un vermú de grifo… Que también lo nuestro mola un montón.

Así que lo kitsch castizo funciona, ¿no?

Funciona. Está funcionando fenomenal.

¿Eres más de Zarzuela o de las fiestas de La Paloma?

A mí me encanta la Zarzuela pero la fiesta en la calle es lo mejor que puede pasarte en la vida. Una juerga al aire libre es una maravilla.

¿Vermú de grifo o Mahou?

Me lo estás poniendo muy complicado. Venga, vermú de grifo.

¿Estamos faltos de un buen cocido en Malasaña?

Si vienes a Verbena no.

¿Y antes de Verbena qué hubo?

Antes de Verbena hubo moda. En Pepe Jeans, en Inditex… la moda está como está. Yo tenía una marca de bikinis que se llamaba Laurin Trece. Bueno, se llama, aunque la tengo aparcada ahora mismo. El mundo de la moda es atroz y más como está concebido ahora.

¿Cansa?

¿Cansa? Mucho. Es muy repetitivo. Se generan necesidades que probablemente no son reales. No sé, soy más feliz poniendo un café a alguien, y que se vaya contento con su café, que haciendo trapitos copiados de no sé quién, fabricados en Bangladesh, explotando a no sé quién… para que luego tú te lo compres por cuatro perras y a la temporada que viene lo tires. No me mola nada.

Han pasado pocas semanas desde que abristeis. ¿Cuál es el balance?

Muy positivo. Estamos encantados.

¿Cuesta hacerse un hueco en Malasaña?

Yo creo que cuesta si te vienes un poco más allá de San Ildefonso que es dónde está ahora mismo concentrado todo el cotarro. Pero creo que haciendo las cosas bien, dando un buen producto y, sobre todo, un buen servicio, estamos seguros de que el boca a boca funciona.

Madrid siempre con “z”, ¿no?

Siempre. Es una cosa que no entiende la gente de fuera… Ale es de Jaca y él no lo entendía. Pero es un poco la forma que tenemos los madrileños de expresar nuestro “nacionalismo”. Es una cosa muy nuestra, muy de orgullo, una pronunciación… Una chulería al hablar.

Y ya para terminar, ¿qué canción podría sonar en bucle en una Verbena?

Ni más, ni menos, de Los Chichos. O cualquiera de Bambino.

Las risas duran un buen rato. De repente el bar está lleno y toca despedirse. Laurin me revela que la barra del bar le está sirviendo de gran inspiración para escribir sobre sexo y hombres en Antonia Magazine. Esto promete, no os perdáis sus aventuras…

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Fotos: Sofía Royo

La elección de Laurin

Localización: Verbena Bar (Calle Velarde, 24 – 28004 Madrid)

Vestido vintage

Kimono vintage

Camiseta: Truly Madly Deeply