El éxito de la serie Veneno (ATRESplayer) brinda una oportunidad histórica para la visibilidad y normalización de las personas transgénero a partir de la vida de Cristina Ortiz, un animal televisivo que azotó las pantallas de millones de españoles a mediados de los noventa y que, sin prácticamente buscarlo, se convertía en una abanderada de una causa que probablemente nunca llegara a conocer en su total complejidad.

Cristina Ortiz La Veneno nos dejaba hace cuatro años, el 9 de noviembre de 2016. Tras sufrir un accidente en su domicilio, y pasar tres días en coma en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, se anunciaba el fin de uno de los personajes más polémicos de la televisión patria. Su muerte se producía dos años antes de una fecha histórica para la lucha LGTBI, ya que a mediados de 2018 la Organización Mundial de la Salud excluía la transexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades, concretamente de la lista de trastornos mentales. “Este logro”, que no entrará en vigor hasta 2022, pasa a denominar la transexualidad como “incongruencia de género”, lo que implica una actualización a la obsoleta y tránsfoba clasificación vigente, aprobada en 1990, año en que, por cierto, la homosexualidad dejó de ser considerada como una enfermedad. (…)

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