Si hablamos de supervivencia, de manera inmediata, echamos la vista atrás y pensamos en la teoría evolutiva de Darwin, en “la supervivencia del más apto” y en la selección natural. Conceptos que, aplicados al mundo animal, nos ayudan a entender cómo las especies se han ido adaptando a diferentes contextos, o incluso desapareciendo, en beneficio de otras quizá mejor preparadas para competir por el escaso alimento o para aguantar condiciones meteorológicas específicas.

En la era de la reputación, las empresas son especies obligadas a asumir su liderazgo y rol social, a competir por un puñado de clientes y a operar en entornos volátiles, que no siempre aportan seguridad ni certidumbre. Además, son actores de un complejo entramado en el que el ciudadano se erige como protagonista absoluto, como la especie dominante por la que pasan las grandes decisiones de nuestro tiempo. Hablamos de compras, de inversiones, de empleo… hablamos del poder del ciudadano, de su relevancia y de cómo la reputación corporativa interfiere en su toma de decisiones. (…)

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