Ana Requena es periodista y lidera el blog Micromachismos en eldiario.es, un espacio colaborativo que denuncia los comportamientos y conductas machistas del día a día.

Siempre es un placer para mí compartir inquietudes con colegas de profesión. Ana es periodista, pero no una redactora cualquiera en un medio cualquiera… Ella es una mujer comprometida con la igualdad y consciente de que los medios de comunicación tienen un poder valiosísimo para provocar un cambio positivo. Quizá por ello escriba en eldiario.es. Y quizá no sea casual que, precisamente en esta redacción, coordine el blog Micromachismos, un espacio en el que se pretende combatir esas actitudes machistas del día a día.

Como ella misma indica, la principal lacra para la mujer es el machismo y de ahí se deriva todo lo demás: la violencia de género, el hostigamiento callejero, la desigualdad en el mercado de trabajo, la brecha salarial, la infravaloración de lo que se considera femenino… Sin duda una larga lista que no debería quedar silenciada, y todo apunta a que, poco a poco, hay más iniciativas y espacios de denuncia.

Acabamos de ver a Ana en El Objetivo de laSexta con dos periodistas de bandera, Ana Pastor y Àngels Barceló, necesariamente hablando de la desigualdad que siguen viviendo las mujeres. Además, el vídeo que celebra el primer aniversario del propio blog, publicado en febrero, ha sido un éxito rotundo con más de 300.000 visitas. Os dejo un dato, en pocas semanas ya es uno de los tres vídeos más vistos del canal YouTube del medio.

Señoras, señores, este es el periodismo que nos gusta. Pero…

¿Se puede ser feminista y no morir en el intento?

¡En ello estamos! Cuando te pones las gafas violetas, como decimos nosotras, es ya muy difícil abstraerse de esa perspectiva. Y el mundo real te devuelve constantemente imágenes y situaciones que, vistas desde esas gafas, resultan duras o indignantes. Pero al mismo tiempo creo que estamos demostrando que es posible un feminismo en el que haya cabida para el humor, la risa, la autocrítica y la diversión.

Entonces, ¿somos una sociedad machista?

Sin duda. Vivimos en una sociedad patriarcal y, por tanto, machista. No es nada nuevo, el patriarcado tiene siglos de historia y ha sabido adaptarse a cada momento histórico. De hecho, es tan hábil que llega a presentar como modernas actitudes y conductas que en realidad esconden desigualdad y discriminación.

Militas en la Asociación Internacional de Periodistas con Visión de Género, ¿hay igualdad de oportunidades en los medios?

La igualdad de oportunidades no es plena en el mercado laboral, sea cual sea el sector. Y no la hay porque no se dan las condiciones necesarias. La corresponsabilidad no existe… No hay medidas reales y efectivas para que las personas puedan compaginar su vida familiar, personal y laboral, los permisos de maternidad y paternidad siguen sin estar equiparados, no hay educación pública y gratuita de cero a tres años, no hay servicios a la dependencia garantizados, el sistema fiscal no contribuye a la igualdad, las empresas no se toman en serio los planes de igualdad, no hay una apuesta por racionalizar los horarios… Todo esto perjudica a las mujeres porque es sobre ellas sobre las que cae el rol reproductor, los cuidados… e impide que exista esa igualdad de oportunidades.

En esto, la educación tiene un papel primordial… ¿está nuestro sistema preparado para educar con visión de género?

Desgraciadamente, no. Para empezar, los libros de historia y de literatura siguen invisibilizando a las mujeres y su contribución a la historia. Y para continuar, la educación afectiva y sexual brilla por su ausencia. Y si queremos romper los modelos patriarcales, estos factores son fundamentales.

Entonces, ¿las cuotas son una buena medida?

Sí, las cuotas han demostrado ser eficaces. Para mí, fijar por ley cuotas de participación dirigidas a conseguir la paridad entre hombres y mujeres me parece bien. No me parece normal que siendo las mujeres el 50% de la población, o más, se cuestionen sistemáticamente los gobiernos o ejecutivas paritarias, mientras que cuando hay prácticamente un 100% de hombres no se considere extraño. Ahora mismo hay tantísimas mujeres preparadas e increíblemente cualificadas que no hay excusas.

A pesar de que ahora no quede rastro de la paridad alcanzada con el Gobierno de Zapatero… ¿no crees que hemos ido hacia atrás?

En representación política precisamente es difícil decir que se haya ido hacia atrás. Es evidente que ahora hay muchas más mujeres en la política que hace treinta años. Otra cosa es si están en puestos de responsabilidad y de toma de decisiones. Ahí parece claramente que sigue costando más llegar. La paridad del Gobierno de Zapatero fue un hito, pero después se ha perdido. En eso sí hemos retrocedido en la última legislatura.

Volviendo al ámbito periodístico, ¿qué micromachismos son los más frecuentes?

La instrumentalización del cuerpo y de la imagen de las mujeres es constante. Es por decir algo, porque hay mucho más… Hasta qué es lo que se considera importante y noticiable, que está también totalmente atravesado por valores machistas y androcéntricos.

¿Alguna anécdota propia?

Diría que, como muchas mujeres jóvenes, he sufrido a veces una infantilización absurda.

Y si hablamos de deporte… Tras los rotundos éxitos de las deportistas españolas parece que, de repente, la mujer nade, juegue al baloncesto o al balonmano…

A mí me parece que el deporte femenino está muy invisibilizado y se le da claramente poco valor. No hay más que ver el espacio que ocupa en los medios, tanto generalistas como especializados. No es solo eso, sino el tratamiento que reciben, porque muchas veces, por ejemplo, se las sexualiza. Eso sí, poco a poco sabemos más de las deportistas porque sus logros son ya tan evidentes que no se pueden ignorar por completo. No es algo solo mediático, es político… El apoyo, por ejemplo, al fútbol femenino deja muchísimo que desear y está muy alejado de lo que sucede en países como Reino Unido o Suecia.

¿Crees que el hombre quiere pasar página?

Los hombres tienen que involucrarse más. Me temo que hay una sensación muy extendida de que la igualdad es un asunto de las mujeres. Y eso se ve en las campañas que se hacen, en las políticas, que están dirigidas sobre todo a las mujeres. Pero si los hombres no son conscientes de que sus actitudes, sus acciones o sus ideas son parte de este sistema machista en el que vivimos, no podremos acabar con él.

Soy de los que piensan que las parejas homosexuales están reproduciendo los roles de la familia tradicional, sobre todo tras alcanzar derechos como el matrimonio. ¿Tienden también a incorporar actitudes “machistas”?

Es una cuestión compleja pero diría que sí, que las parejas homosexuales también reproducen conductas machistas. El machismo está en nuestras cabezas, no en nuestros genitales. Los celos o la posesión, por ejemplo, son actitudes tremendamente asumidas como parte de lo que se considera el amor y las relaciones de pareja. Por eso es fácil que se reproduzcan, sea del sexo que sea tu pareja. Creo, además, que convivimos aún con ideales de pareja y familia irreales, pero en los que estamos socializados y a los que tendemos a aspirar.

Un referente…

Pues mi madre. Suena como un discurso después de haber ganado un Óscar, pero es cierto.

¿Quién sería para ti el villano de la película?

No puedo evitar seguir poniéndome enferma cada vez que escucho a alguien decir que no es machista ni feminista o que se empeña en comparar los términos. Esa gente son mis pequeños villanos.

Terminamos, ¿cuál será la primera, y ansiada, presidenta de este país?

Uff, ni idea. Desde luego no parece algo que vaya a suceder en la próxima legislatura. Los liderazgos masculinos siguen predominando. De todas formas, a mí me parece necesario decir que es importante que una mujer llegue a ser presidenta del Gobierno, porque hace falta romper ese tabú y dar un referente a la sociedad y a las próximas generaciones… Que una niña crezca sabiendo que puede ser presidenta del Gobierno no me parece poca cosa. Pero también hay que decir que eso no garantiza ni mucho menos políticas favorables a los derechos sociales y a la igualdad. Es decir, tenemos que llegar porque es de justicia e importante para romper estereotipos, pero los cambios llegarán de personas comprometidas con la igualdad y el feminismo.

No parece poca cosa, desde luego que no… Hillary Clinton parece haber abierto la veda, veremos aquí en España si Susana, Carme o alguna Rosa Díez renovada lleva las gafas violetas a Moncloa. Gracias, Ana.

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Fotos: Andrés Pina

La elección de Ana

Localización: jardines de la Plaza de España (Plaza de España – 28008 Madrid)