Elena y María están al frente de la start-up Ephimera, una agencia basada en innovación social cuyo objetivo es ofrecer productos y servicios más sostenibles.

Según nuestra querida Real Academia de la Lengua, Ephimera, o efímero, se refiere a lo pasajero, a algo de corta duración. Pero también lo es un insecto de nombre curioso, la cachipolla, que apenas vive un día. Aquí, en Madrid, Elena y María son precisamente lo contrario, unas luchadoras incansables que han visto en la innovación social y el movimiento maker una vía para demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Creen en las relaciones basadas en la comunidad, en la empatía e imaginan un futuro en el que artesanía y producción industrial puedan ir de la mano. Y precisamente esas ideas son los pilares de su start-up: Ephimera. Pero no son nuevas en esto y además, se conocen de toda la vida, y esa complicidad las hace aún más fuertes, con una garra que contagia.

Todavía recuerdo el día que conocí a Elena en el HUB. Su sonrisa, buen rollo y ganas de facilitar las cosas me conquistaron. Han pasado ya cuatro años de esto y su frescura sigue intacta. Ahora tocaba, quería que me contara sus ideas, junto a su socia, María, porque ellas defienden que en España lideramos un cambio de tendencia social y uno, ante la que está cayendo, se interesa.

Amigas desde la infancia, ¿cómo llegáis a pensar en Ephimera?

De conocernos tan bien, llegó el momento en que nuestras vidas coincidieron en tiempo, espacio… Tuvimos claro que nos apetecía trabajar juntas porque sabíamos que entre las dos sumábamos algo mucho más grande que por separado.

¿Teníais claro que queríais dar forma a una start-up como ésta?

De lo que empezamos siendo a lo que somos ahora hemos pasado por muchas fases distintas. Más que pensar en una idea de empresa lo que somos es el resultado de cambios constantes, replanteamientos… Para nosotras lo más importante era poder trabajar con quien realmente queríamos, desarrollar proyectos por los que de verdad nos apeteciera levantarnos de la cama y demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Y entonces dijisteis adiós al marketing…

Como a otra mucha gente de nuestra generación la crisis nos expulsó de un camino y nos obligó a replantear nuestras prioridades. Sentimos que hay un malestar en torno al trabajo y optamos por buscar otras vías, tener otras conversaciones y vivir una vida mucho mejor.

¿Creéis que ese malestar nos está llevando a ser más comprometidos con lo que nos rodea?

Estamos en un momento de transformación impresionante a todos los niveles. La crisis ha roto algo muy profundo que afecta a todas las capas de la vida y está generando un movimiento global que vemos en todas partes. Somos conscientes de que además del desajuste, esta ruptura supone también una oportunidad enorme para hacer las cosas de otra manera. Es la revuelta de una generación a la que le propusieron un horizonte que de pronto no le gusta.

¿Qué es una realidad mejor?

Una realidad mejor es aquella en la que somos más dueños de nuestras vidas.

El primer proyecto de Ephimera ha sido La Buena Vida, ¿algo más que un mercado ecológico y de productores artesanos?

La Buena Vida es una comunidad de gente que quiere decidir conscientemente la manera en la que vive y cambiar aquello que no le gusta. Quizá ha sido la crisis que ha roto nuestras perspectivas de futuro pero nos ha abierto otras. El hecho es que cada vez somos más los que encontramos una gran distancia entre la vida que llevamos y la que nos gustaría llevar. Y queremos cambiarlo.

¿Qué dimensiones tendría para vosotras el concepto buen vivir?

El concepto buen vivir aparece en un montón de culturas y en muchos pensadores. Nosotras nos lo imaginamos como la nueva fase de los Derechos. Igual que los Derechos Humanos fueron la garantía de subsistencia, lo que tenemos que demandar ahora es un nuevo horizonte: dignidad, vida en común, desarrollo personal… ¡Felicidad!

Pero, ¿se puede vivir bien en ciudades como Madrid o Barcelona?

Por supuesto. Se puede vivir bien en cualquier parte. No entendemos la buena vida de una manera bucólica, al contrario, creemos en la innovación colectiva que saque lo mejor de cada contexto en el que la gente elija vivir.

¿Qué importancia tiene que de alguna manera estemos conectados con lo que comemos?

Es importante estar conectados con todo lo que hacemos. No actuar por inercias y tomar decisiones conscientes. La comida en particular es una parte importantísima y nos afecta no solo a nivel personal, salud, sino a nuestros entornos.

He leído que en alguna ocasión habéis dicho que “el tenedor es un arma cargada de futuro”, ¿no?

Cuando decimos que “el tenedor es un arma cargada de futuro” queremos llamar la atención sobre lo importante que son nuestros hábitos de consumo. Tanto por lo que invertimos en ellos como por los efectos directos que tienen sobre nuestro entorno. Además, al abrir el debate en el ámbito alimentario, creemos que se puede producir un cambio de conciencia inmenso.

Aunque creo que estamos de acuerdo en que la distancia entre cómo vivimos y cómo nos gustaría es grande… ¿Somos una sociedad frustrada?

Sí, definitivamente. Constantemente nos estamos generando deseos artificiales. El ser humano es el único capaz de frustrarse. Eso de querer siempre más es lo que nos hace no conformarnos. Vivimos rodeados de deseos artificiales que nos generan muchas veces más problemas que felicidad.

Además de frustrados, individualistas y competitivos. ¿Sería esta la radiografía social?

Nosotras no lo vemos así. Hoy lo que triunfa es todo lo contrario: Airbnb, BlaBlaCar, Wikipedia, los grupos de consumo… El mito de que somos por naturaleza individualistas y competitivos nos parece una de las premisas del capitalismo más salvaje. El mundo avanza siempre por lo cooperativo y lo asociativo. Cualquier núcleo, modelo de familia, o empresa en su lógica interna, busca siempre dinámicas de colaboración.

Ephimera también ha hecho su incursión en el ámbito del diseño sostenible y el do it yourself. ¿Qué valor emocional pueden tener estos productos?

El valor que hay que rescatar es el de la creatividad que nace en las cadenas cortas. El one to one ofrece una opción mayor de experimentar y proponer cosas distintas.

Desde luego hay vida más allá de Ikea y parece que el debate está en el upcycling, ¿qué está ocurriendo?

Son tendencias que surgen de utilizar lo que tenemos a mano, y en abundancia, por tanto la artesanía de nuestro tiempo solo se entiende con lo que ahora tenemos por todos lados. Cosas obsoletas que ya no sirven para lo que fueron pensadas.

Nos vamos, pero no sin antes preguntar qué necesitaremos para hacer frente a los retos que nos esperan.

Pensamos que la empatía es la verdadera y más importante capacidad intelectual. De ella nace el humor, la creatividad… todo nace de ahí y sin embargo es la capacidad más olvidada en nuestros procesos educativos. Nadie evalúa en el colegio tu capacidad para resolver conflictos o ser capaz de entenderte y dialogar con todo el mundo…. La empatía va a ser clave para el futuro.

Fully agree, chicas.

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 Fotos: Andrés Pina

La elección de Elena & María

Localización: Impact HUB Madrid (Calle del Gobernador, 26 – 28014 Madrid)