Diana Aller es la combinación perfecta de una actitud combativa y activista, con una manera irónica, única y superficial de entender la realidad que nos rodea

Hablar de Diana Aller es, para mí, hablar de alguien a quien sigo y admiro. La sigo porque me parece una persona divertidísima, sin complejos y con una libertad lingüística brutal. Y ese es el espíritu de su blog, Lo Dice Diana Aller, “un lugar de ocio y esparcimiento para gilipollas como usted”, tal y como reza el claim del susodicho. Pero más que seguir, la admiro. Diana representa un montón de cosas que inevitablemente me atraen. Ella es una mujer liberada, independiente, militante feminista, madre, artista, y además, cuenta con una autoestima de acero, algo que para las mujeres es difícil de conseguir (si tenemos en cuenta la presión que ejerce sobre ellas la sociedad de consumo). Con ella quiero explorar su lado reivindicativo que, desde hace unos meses, la ha llevado a integrarse al Colectivo ZAS (Zero Agresiones Sexistas) para exigir medidas urgentes que acaben con esta lacra.

He quedado con Diana en visitar su piso en Malasaña. Me invita a tomar café mientras hacemos un repaso de dos cosas que nos unen en esta recta final de cara a las Elecciones Generales del domingo. Hablamos de Ciudadanos y de Sálvame, nos quejamos, nos reímos y se nos enfría el café. Es diciembre y no queda mucho para que se ponga el sol, así que hacemos unas cuantas fotos con una luz casi mediterránea. Continuamos la conversación.

Diana Aller es sinónimo de activismo, pero casi que también de reality, ¿cómo es la vida en directo?

Me he dedicado a los realities durante mucho tiempo, y no suele estar muy bien visto para el común (muy común) de los mortales. Curiosamente en los círculos más activistas se respeta e incluso disfruta más de los realities. Las vidas retransmitidas son vidas como las de cualquiera, pero amplificadas y distorsionadas. Por eso molan. Yo me he llegado a hacer pis encima de la risa en una grabación. Y no soy de vejiga fácil ¿eh? Pero hay momentos en los que el género humano me hace recuperar la fe. La gente es maravillosa.

Pero, ¿te has jubilado de la tele?

Creo que sí. He cambiado de paradigma en la vida. No quiero vivir anestesiada haciendo las cosas por inercia. Si encuentro un hueco digno en televisión, lo desempeñaré encantada, pero ya no concibo trabajar sin ilusión.

La TV, esa gran criticada… ¿Cumple alguna función social? 

No, ¿por qué debería hacerlo?

Y si Lo Dice Diana Aller… tu blog recopila tus reflexiones pero, en definitiva, es un espacio de ocio y esparcimiento. ¿Casan bien actitud crítica con ese punto más petardo?

Escribo lo que a mí me gustaría leer. Soy asquerosamente profunda o terriblemente superficial. No sé si esas cosas casan bien, pero se corresponden a mis intereses.

Eres tremendamente activa en cuestiones políticas o de género, ¿te ha supuesto alguna barrera profesional?

Me ha supuesto una barrera profesional ser mujer (profesional, económica, social, cultural…), pero la militancia feminista no.

Apoyaste abiertamente la candidatura de Ahora Madrid para el Ayuntamiento de la capital, simpatizas con Podemos, ¿crees en la confluencia ciudadana para acabar con los grandes problemas sociales de nuestra sociedad?

Creo en la confluencia como concepto, como noción de grupos ciudadanos luchando por unos mismos objetivos. Suelo citar una frase de Margaret Mead en este sentido que me encanta “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”. Pero no creo en la legislación política, en las formas de gobierno, en los partidos. Ahora mismo las opciones de confluencia en lugar de aglutinar están separando a la izquierda. Hay demasiados intereses partidistas, demasiado juego sucio que envilece todo lo que toca.

Uno de los problemas que tiene nuestra sociedad es el de los asesinatos machistas. Últimamente parece que hemos sufrido un retroceso en este sentido, ¿cómo se explica?

Es muy complejo, pero básicamente es una consecuencia del capitalismo salvaje y desigual. Cada vez más rápido y enloquecido, arrasando a su paso. Si la tradición cultural, religiosa, etc. relegaba a la mujer por debajo del varón, esta diferencia se ha asimilado en un sistema de producción económica sin hacer antes una revolución, sin un debate de género previo. Las mujeres se incorporaron a la rueda capitalista, y encima se les vendió como una “liberación”. Antes los hombres dominaban lo público y las mujeres lo privado. Hoy hay una guerra cruenta y no declarada contra las mujeres en lo doméstico y en la sociedad… El nivel de exigencia es alienante e imposible, y a esta discriminación privada y pública se le añade una mal entendida libertad sexual en la que las mujeres desempeñan un único rol de objetos de consumo, son la oferta, el sujeto pasivo, mientras que los varones son la demanda. La solución pasa por la educación. A las mujeres no les podemos exigir más. El feminismo no debe crecer solo a costa de concienciar a las niñas /mujeres. Hasta que no haya una  conciencia y cesión de privilegios de los varones, nuestra lucha será solo un camino allanado, pero sin final.

No me cabe duda que en la educación está el problema y la solución pero, ¿“interesa” cambiar esa escala de valores tradicionales?

A nivel mundial, rotundamente no. Las mujeres son la mano de obra, las encargadas de los cuidados, de alimentar y favorecer a los hombres, y todo con coste cero. En el caso de España las políticas de igualdad son deficitarias, cutres y suponen solo un lavado de cara electoral. No se invierte en educación porque las legislaturas duran 4 años, para los políticos pensar a largo plazo es tirar el dinero.

Eres muy crítica con el tratamiento informativo de la violencia machista, ¿mueren o las matan?

Hasta el coño estoy de los titulares como “Muere una mujer en Melilla por una discusión con su ex-pareja”. ¿Hola?… ¿Las mujeres nos morimos así de repente? Ojito, que hablamos de feminicidio, de asesinatos en masa a un grupo de población determinado precisamente por pertenecer a él. Según feminicidio.net rondamos los 90 asesinatos machistas en lo que va de año. ¿Qué pasaría si asesinaran a 90 médicos, a 90 árbitros, a 90 jueces? En fin…

Y como resultado a toda esta rabia contenida, surge el Colectivo ZAS (Zero Agresiones Sexistas) junto a otras mujeres que, como tú, “están hasta el coño”. Cuéntanos…

Lo has definido perfectamente. Rabia contenida. Esto es una olla exprés. Yo me niego a someterme. Porque bastante sometidas estamos ya. De forma espontánea un montón de mujeres confluimos a finales de verano, enrabietadas vivas por los asesinatos machistas cada vez más constantes y habituales. Por los silencios políticos, el tratamiento de los medios de comunicación, y en general la violencia estructural contra nosotras.

Y en septiembre ya estabais en marcha. Sorprendisteis con una acción en redes sociales que atacaba directamente a los senadores del Partido Popular, habéis sido muy activas de cara al #7N y ahora con la acción #NoVotesMachismo buscáis identificar las propuestas electorales discriminatorias y mostrar las declaraciones sexistas de los candidatos de cara a las elecciones generales de este próximo domingo, ¿qué más tenéis en mente?

Asaltar el Palacio de la Moncloa, tomar a Mariano Rajoy como rehén, empalarlo sobre una hoguerita y hacer un aquelarre en el patio. Poner cámaras en directo y leer un comunicado a modo de aviso para el siguiente presidente de gobierno de España: nos quedaremos ahí para velar por una política no sexista y actuaremos en consecuencia. Bueno, dejémoslo en que estamos programando cosas interesantes…

Suena épico. Y, ¿os planteáis algún tipo de sinergias con otros grupos o colectivos?

Como diría Aznar con acento tejano… “Estamos trabajando en ello”.

Además de feminista, eres madre. ¿Cómo afecta la maternidad a una mujer?

La maternidad es el epítome mismo del machismo. Nuestra sociedad ha desligado la maternidad de las relaciones tribales, la ha enlatado y la ha convertido en un objeto de consumo. Existe una violencia muy dañina y sibilina, la violencia obstétrica, ejercida por el personal sanitario (y aplaudida por la sociedad) cuando una mujer pisa una maternidad. Se la cosifica, se la infantiliza, se la viola, se la sobremedica, se la mutila genitalmente, se la convierte en un pedazo de carne, en un objeto de producción más. Y eso solo si hablamos del nacimiento, la maternidad sitúa a la mujer en un plano de desventaja global a partir de entonces.

Y tú, ¿cómo has hecho frente a la maternidad sin renunciar a tu libertad individual?

Derribando estereotipos, practicando una maternidad subversiva. He perdido mucho en el camino: estabilidad emocional y laboral, horas de sueño y apenas he visto crecer a mis hijos. Pero he ganado mucho más: tengo una vida idílica y perfecta, llena de amor y plenitud. Ha sido un camino muy duro, pero me siento muy orgullosa de cómo gestiono mi maternidad.

Hace poco estuve en tu boda. Una boda en la que Diana Aller se casó con Diana Aller. Decías que te había sorprendido que tus invitados recibiesen la invitación con total normalidad… ¿Qué te llevó a hacerlo?

Pues tres cosas muy claritas. La aceptación de mí misma. Aceptarme y quererme me ha llevado mucho tiempo. También cuestionarme y descubrir las trampas de la noción de amor romántico que nos venden. Un amor heteronormativo y unidireccional, en el que las mujeres salen perdiendo siempre. No me interesa una mierda. Otros amores libres y disfuncionales pueden (y deben) llenarnos más. Y, por último, celebrar la amistad. No asistió nadie con lazos de consanguinidad (y adoro a mi familia, ¿eh?). Erais todos personas que el destino colocó cerca y con los que comparto amor desinteresado, amor para siempre, amor real. Y me encantan las bodas y las fiestas… ¿Cómo no celebrar una en nombre del amor?

¿Qué opinas del término influencer? ¿Te consideras parte de ese “colectivo”?

Estos anglicismos no enmascaran más que un deseo aspiracional de “ser guay”. También detesto afterwork, brunch, vintage… Y sí, me considero influencer. A veces me pagan por llevar o hacer cosas que encima me gustan. Eso es ser influencer, ¿no?… También digo que no a cosas que no me convencen, creo que eso me hace ser más influencer todavía. No tengo muchos seguidores, pero los que tengo “manejan”, son gente bien posicionada intelectual y/o socialmente. Y eso tiene un coste más alto que los millones de followers jóvenes sin posicionamiento ni dinero de, por ejemplo, una bloguera de moda.

Ahora tenemos la vista puesta en el domingo, que hay cita electoral ¿cuál es la predicción de Diana Aller?

Mmmm… Tengo muy poca visión para estas cosas, de la política me gusta la teoría, pero la práctica, y más en España, me parece una cosa caciquil, cutre y muy cateta. Creo que ganará el PP, pero sin mayoría. Siento una especial aversión hacia Ciudadanos, que cada día me provocan más arcadas, y me encantaría celebrar una positiva y maravillosa victoria de Podemos, partido al que soy más afín, pero con el que soy tan crítica como con los demás.

No te dejo sin antes pedirte un repasito…

En realidad no tengo una opinión formada sobre absolutamente nada. Me limito a elucubrar, pero sin certeza alguna. Cada vez soy más escéptica, más descreída, y menos impresionable. Quizá sea por hacerme mayor, pero en tal caso no creo que cada vez fuera más radical como me ocurre. Me alegro de haber dado contigo en la vida, tienes un intelecto atrayente. Con la gente interesante suele pasar que al conocerla no se tiene la sensación de conocerla, sino de reconocerla. Hay una especie de grupo de elegidos que enseguida conectamos. Puede sonar elitista, pero es dolorosamente real. Y tú eres de esos.

Pues sigue así de radical, que me parece fantástico. Y muy necesario.

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Fotos: Andrés Pina

La elección de Diana Aller

Localización: su santa (y soleada) casa en Malasaña